El Perillar es un vino de producción muy limitada elaborado por Bodegas Serdio a partir de una única viña que le da nombre.
Procede de 10 hectáreas de suelos de albariza lustrillo, con cepas de Palomino Fino plantadas entre 1967 y 1972, de bajos rendimientos (4.000 kg/ha) y vendimia manual.
La orientación norte-noreste del viñedo limita la insolación directa, favoreciendo una maduración lenta que da lugar a vinos frescos, equilibrados y con una marcada personalidad.
Elaboración
Su elaboración continúa el trabajo iniciado con Tabatiere, tras permanecer 8 meses en depósito de acero inoxidable sobre sus lías, el vino envejece 12 meses adicionales en botas de vino de Jerez, donde algunas pueden haber desarrollado velo de flor. Este proceso aporta una complejidad única, con una elegante combinación de fruta, mineralidad y los sutiles recuerdos de la crianza biológica.
En boca sorprende por su textura untuosa y envolvente, equilibrada por una acidez precisa y una marcada salinidad que lo convierten en un vino profundamente gastronómico. Con una producción de tan solo 1.358 botellas. El Perillar es una expresión singular del viñedo jerezano fuera de la D.O., ideal para quienes buscan vinos con identidad, origen y carácter.
Las uvas proceden de la viña El Perillar, un viñedo de 10 hectáreas sobre suelos de albariza lustrillo con cepas plantadas entre 1967 y 1972. La vendimia es manual y los rendimientos se mantienen en torno a los 4.000 kg/ha.
Tras la fermentación, el vino permanece 8 meses en depósitos de acero inoxidable con sus lías, ganando volumen y complejidad. Posteriormente realiza una crianza de 12 meses en botas de vino de Jerez, donde algunas barricas pueden haber desarrollado velo de flor, aportando sutiles matices de crianza biológica sin perder la expresión frutal y mineral del viñedo.
Nota de cata
Vista: Color dorado brillante con reflejos verdosos y aspecto limpio.
Nariz: Muy expresiva y mineral, con aromas salinos que evocan la bajamar, acompañados de notas de manzana, lichi, melón y delicados recuerdos a la crianza biológica típica de los vinos de Jerez.
Boca: Intensa, fresca y equilibrada. Destaca por su textura grasa y untuosa, que recubre el paladar con elegancia. La acidez aporta tensión y viveza, mientras que el final largo y salino invita a seguir disfrutándolo.
